
- Joker, 2009.
- Óleo sobre tela, 120 x 120 cm.
Resulta interesante reparar en el concepto de “construcción estética” con el que Miguel Lescano designó en 199 su propia manera de desarrollar y conjugar diversas disciplinas artísticas, sin ceñirse a exclusiones que pudieran afectar su percepción integradora. Al definirse a sí mismo como un “constructor estético de discursos”, Lescano advierte la caducidad de los adjetivos que definen / limitan ciertos estatus en el artista (pintor, poeta, escritor, performer, etc.) y pretende ir más allá al proponerse enfrentar y vivir la creación sin estereotipos acerca de la praxis y su adecuación a ciertos usos. Su afán es comunicador en esencia y ahí radica gran parte de su propuesta.
Esta exploración personal lo ha llevado a transitar por la performance –en sus inicios–, la poesía, las artes gráficas, la pintura y la fotografía, conjugando en sus proyectos individuales disciplinas tradicionalmente enfrentadas “por separado”.
Fuertemente vinculado a la ciudad en tanto espacio y metáfora constante, Lescano encuentra en Lima un leit motiv que lo acompaña en su diario transitar y se le antoja cambiante, híbrida; unas veces extrañamente tierna, alguna otra dolorosamente agresiva. Con gran lucidez se ha servido de signos visuales y geometrías particulares, que luego han seguido su natural evolución, para metaforizar Lima como retrato que cuestiona incisivamente la pasividad, el no-mirar ciudadano ( Paraíso Vidrio , 1997); para denunciar en un grito solitario la cruda violencia y la impunidad en el rostro más siniestro de Lima ( La razón es otra , 199); para confrontarla ante las nuevas urbes que a lo largo de su carrera ha ido descubriendo en sus propios caos ( Diario de viaje , 2006); e incluso para luego redescubrirla y hacer las paces con la ciudad a la que siempre retorna ( Lima extrema , 2007), por citar algunas de sus numerosas muestras individuales más destacadas.
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