ARTISTA

Ricardo Córdova, La pintura como creación

por Tito Cáceres Cuadros

Miércoles 18 de noviembre de 2009 por henry

Un homenaje a la pintura que es una revisión de sí mismo, de su arte y de las posibilidades de trascender las permanentes crisis de la modernidad.

La pintura de Ricardo Córdova ha estado siempre cargada de muchos referentes pictóricos y de otros elementos de la realidad que jamás se han diferenciado entre ellos, quizás porque han logrado una perfecta simbiosis entre lo que es una actualización y una realización que, tomando la referencia en su esencia, la transmite a través de un ideal.

En la evolución de su arte lo hemos visto recorrer los caminos intrincados del realismo fotográfico –incluso del hiperrealismo–, del intimismo cargado de imágenes desoladas que connotan mezclas de psicologismo angustiante y una introspección en busca de un Yo que quiere encontrar un equilibrio entre la expresión y el ocultamiento; también ensayó un expresionismo donde sus arquitecturas, otro tema recurrente, no lograban su total distorsión, sino que explotaban en colores y trazos vigorosos que le agregaban una dinámica y un ritmo que detenían los vértigos cromáticos.

Pero Ricardo Córdova no es un pintor que se recrea totalmente con la transmisión de imágenes pulcras, cinceladas más que modeladas, si cabe el término prestado de la plástica generalizada, sino que a las bondades estilísticas le ha agregado una poesía proveniente de su imaginario cargado de connotaciones y de una retórica tropológica. Si la pintura es una poesía en imágenes visuales, el lirismo de Córdova reside en la vocación de hacer que cada cuadro, sin dejar de mostrar un centro creador, se organice rodeándolo de ideas y percepciones que a veces, en el arte moderno, parecen antagónicas, pero que el espectador recoge estética y pictóricamente.

En sus dos muestras, denominadas Geografía interior I y Geografía interior II, empezó casando –sí, ese es el término adecuado– referentes prestados de sus preferencias autorales, más que de las técnicas, y las incorporó a su universo personal. Así vimos que sobre sus espacios favoritos –habitaciones vacías sin trazo humano alguno, como si fueran imagen de la desolación o de la vacuidad existencial– se asomaban desde el exterior fragmentos de diversos pintores, de épocas, tendencias o estilos que fueron modulando sus gustos estéticos y sus descubrimientos técnicos, algunos asimilados y otros simplemente en el plano admirativo.

(...) artículo completo en la revista


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