Las exposiciones cruzadas están de moda. Somos testigos de una multiplicación del género donde se mezclan palabras, imágenes y obras de dos o más artistas para poder verlos y entenderlos de otra manera. Justamente, el Centro Pompidou presenta Erice-Kiarostami: Correspondances, una exposición- instalación que ilustra una evolución doble de la creación contemporánea, marcada por la creciente influencia de la imagen cinematográfica y la hibridación de las prácticas artísticas.
Los destinos de Victor Erice y de Abbas Kiarostami son muy semejantes: mismo mes y año de nacimiento, junio de 1940; misma confrontación con los sistemas políticos no democráticos, España franquista para uno, Irán para el otro; misma pasión por el cine con la misma sed de libertad y la misma moral intransigente; mismo rechazo a la sumisión ante las leyes de la industria y del mercado.
Otra analogía fundamental, muy presente en sus trabajos, es el lugar que le otorgan al cine indisociado de la infancia, a la vez fuente y sujeto de sus obras. Comparten asimismo una “política de lentitud” y el arte de la observación meticulosa, donde el tiempo se convierte en materia prima. Los dos se desarrollan en las fronteras del cine, recurriendo al video, a la fotografía o a la pintura para captar sus emociones. Se cruzan y se hacen eco las fotografías e instalaciones de Abbas Kiarostami mientras que los rushes de Victor Erice están en confrontación con los cuadros de Antonio García López, para los que ha creado luz y sonido.
En 2002, Kiarostami y Erice trabajaron en Ten minutes older –filme colectivo producido por Nicholas McClintock– junto a otros doce cineastas como Jim Jarmusch, Jean-Luc Godard, Bernardo Bertolucci, Wim Wenders o Wong Kar-Wai, entre otros, cada uno de los cuales rodó un episodio de diez minutos.

