Nicolás Lamas, Gabinete brutal
Miércoles 18 de noviembre de 2009 por henry

- Polinización.
- Impresión digital sobre papel de algodón, 50 x 32 cm
En esta segunda exposición individual de Lamas (Lima, 1980), titulada Denaturaciones: cultura y fractura , encontramos tantos niveles de significado como piezas en la sala. El artista, de la mano de su curador Jorge Villacorta, nos pone en una situación incómoda en la sala que luce repleta de bizarros objetos de origen orgánico que, luego de ser intervenidos de distintas maneras, resultan en un festín de misteriosos ensamblajes revestidos de lo “uncanny”: aquellas atmósferas familiares aunque extrañas, como las describiría Freud.
Residuos disecados y óseos de vida animal, yuxtapuestos con una noción de botánica que abandona violentamente los entornos de la biología para internarse en un proceso de deconstrucción y de muerte. Todo ello convive con elementos artificiales como piedras que simulan ser preciosas y cabezas de venado brutalmente intervenidas por el hombre para su exhibición. Esta confluencia entre lo artificial y lo natural podría interpretarse como una metáfora de lo que nuestras sociedades valoran como riqueza y pretenden inmortalizar, o bien como un proceso introspectivo que intenta delimitar lo inasible de la materialidad animal versus lo hecho por el hombre, y su permanencia o no, en el tiempo.
Si bien uno de los principales móviles de la muestra es la desmitificación del pensamiento científico y racional que predomina en las formas urbanas y occidentales de ver el mundo, pueden desprenderse también otras temáticas como aquella de la organización del espacio museístico y el criterio de selección utilizado para decidir qué se muestra y qué no. Esto remite directamente a una de las pocas piezas fotográficas de la muestra –la feroz imagen en sepia de la cabeza reducida de un hombre “cazado” por los jíbaros titulada Unheimlich II –, fotografía hallada por el artista en el Museo de Historia Natural, que descubre toda una carga cultural sobre aquello que los hombres históricamente nos atrevemos a mostrar como trofeos de nuestros desplazamientos a rincones exóticos, producto de empresas colonizadoras. Así, el componente del viaje y el souvenir está también presente en la muestra sin resultar demasiado evidente. De igual manera la crítica a la visión etnocentrista que perenniza lo exótico y lo curioso, convirtiéndolos en fetiches revestidos de poder; aspecto que nos remite a muestras como la archipolémica y debatida Primitivismo realizada en el MoMA en 1984 [1].
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[1] La exhibición titulada Primitivismo se realizó en el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York en 1984 y levantó un prolongado debate acerca de si el arte primitivo proveniente de África u Oriente podría ser mostrado en contextos de arte contemporáneo.
