ARTISTA

Mujer cola de Ballena: una fuente que se retroalimenta en la obra plástica de Hernán Sosa

Por Vania Portugal Larco

Domingo 2 de noviembre de 2008 por Camaleon

Una extraña mañana, el pintor se dirigió al estudio de su buhardilla, contrariado por un compromiso adquirido que no conectaba con su anhelo: poner en orden una voluptuosa profusión de imágenes y circunstancias venidas de una isla ballenera del Atlántico norte, en la cual apareció como en medio de las brumas del sueño.

Pero acá estaba la mañana aquella de la realidad, infiltrándose con crudeza en su día y modelándole el gesto. Quizá la línea se torció mal adrede, como si fuera la propia voz del desenfado. Cierto es que la curva que hacía auspiciosa a la pendiente de los cuadros logrados se desvió de manera inusitada, quebrando nada menos que su propio esquema corporal y el resultado del lienzo. Ese cuadro nació como un equívoco… un exabrupto… como una señal inoportuna en medio de una coreografía.

Hay algo que lo lleva siempre más lejos de sí mismo. Su cuerpo se alista a tomar el camino desconocido para regresar, porque su curiosidad es mucho más grande que sus propios miedos. Entonces emergen las formas, allí están, aparecen y hablan. Hace tiempo que el mar le arroja objetos sobre el lienzo. Pedazos de madera erosionada por el viento y la espuma. La serie iba a llamarse Remos, hasta que su amigo escultor identificó en ellos su juego de estecas [1]. Entendió que su primer título resultaba ocioso para esta colección de objetos tallados por el mar, que hacían las veces de signos desprevenidos, y la tituló Insondable. La misión del arte en esta plástica está lejos de ser el espejo del universo físico representado por el pintor. En cambio da cuenta de un territorio liberado, en el cual se produce un diálogo entre objetos que se avienen al lienzo y se descubren ante el creador en nuevas e insospechadas facetas.

El registro post pop, en cuyo terreno Sosa goza de gran holgura y lleva al límite las posibilidades expresivas iniciadas por el propio Warhol, añade a estos descarnados motivos el elemento pictórico y revela el ámbito de su trabajo más experimental. Diríamos que, en esta faceta, el pintor encuentra la libertad que necesita para plantearse desafíos técnicos que oscilan entre el grabado, el dibujo, la combinación de planos y volúmenes, la pintura y, por qué no, el humor irreverente. La serie Mujer cola de ballena supone, en esta trayectoria, un retorno a la subjetividad más inexpugnable del pintor con inevitable lirismo. Allí está presente, como un souvenir del viaje a la isla, una nueva relación con la naturaleza, una suerte de redescubrimiento.

Tras el surgimiento de Insondable, sobrevino Mujer cola de ballena, una serie fundada por la curva ascendente de su trazo, que emergió como una explosión del vasto fondo marino, luego de su estadía en este pequeño lugar visitado por las ballenas llamado Nantucket. Su necesidad de traducir eventos en signos le llevó esta vez por el camino de la narrativa. Así comenzó este nuevo proyecto infinito, que se alimenta de sus letras para volcar nuevas imágenes que encarnan los personajes y situaciones de su relato.

[1] Instrumentos para modelar arcilla retirando capas.


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