Mónica Luza

entre lo anecdótico y lo estético por Juan Peralta Berríos

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Paisaje verde, 2009.
Acrílico sobre papel, carboncillo y cartulina, 70 x 100 cm

Esta artista visual peruana vive y trabaja en la ciudad de Berlín. Sus estudios en artes plásticas los realizó en el Staedel Kunstinstitut en Fráncfort del Meno (Alemania) y en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Lima, además de seguir una especialización en gestión cultural y pedagogía en la Facultad de Artes Plásticas de la Universidad de las Artes en Berlín.

Este breve recuento resulta necesario para entender la influencia conceptualista de su formación para sus procesos creativos, donde espacio y tiempo son ejes base. Destacan el sentido antropológico de sus propuestas y su posición reflexiva al plantear temas como las relaciones entre Europa y América Latina. En estos vínculos se muestran situaciones de semejanza y diferencia, sea desde la plástica –corrientes vanguardistas– o desde la crítica, como los pensamientos prejuiciosos procedentes de los siglos XVIII y XIX. Sobre esto último destaca el proyecto Diario de Humboldt (2002).

Hallamos en Luza la faceta de la artista que no deja de mostrar su deslumbramiento por el pasado y su sentido representacional. En la obra 500 años de cólera e ira (1992), propuesta sagaz y política, realizada en el marco de los quinientos años de “encuentro entre dos mundos”, Luza enfatiza el encubrimiento de la violencia y el abuso del poder producidos en el proceso de la conquista. Dicho interés lo reafirman los proyectos Cerro Colorado (1995), en el que ya se aprecia un acercamiento al paisaje, y Lima beans (1998), en donde los pallares prehispánicos, de signos indescifrables y diseño simplificado, resultan contemporáneos y gráficamente sorprendentes.

En el tema del paisaje es imprescindible mencionar su obra en la exposición Blinky Palermo en los Andes (2010). Aquí se halla el encuentro anecdótico de un muro azul sobre una base blanca en uno de los desiertos del sur peruano, construido por albañiles oriundos del lugar que anunciaba la “Zona Arqueológica – Ciudad Perdida de Huayurí”. Esta experiencia estética hizo que la artista registrara fotográficamente y en diversos ángulos este muro que, en contraste con el paisaje, se convertiría en el punto de partida de una serie de pinturas y proyectos.

Su encuentro con Moisés Barrios sirvió para acercarla a la obra del discípulo de Joseph Beuys: el artista alemán Blinky Palermo, seudónimo de Peter Heisterkamp, representante del filo duro, el minimalismo y el arte conceptual, quien destacó por sus pinturas geométricas –verdaderos campos de color– y otros trabajos y propuestas objetuales, en los que se remarca el sentido de la horizontalidad en alusión al espacio1.

Con Blinky Palermo en los Andes, Mónica Luza reflexiona acerca de sus experiencias e indagaciones en torno a la interculturalidad. A partir de la visión y representación del paisaje del desierto peruano (indefinido en sus formas y escaso color), crea una situación de diálogo con algunos referentes de la pintura occidental. Las palabras del crítico de arte Martin Schönfeld resumen claramente este logro: “parecía una irrupción de arte abstracto de Europa occidental en ese paisaje virgen de América del Sur (…)”.

En el 2011, en la misma línea de Blinky Palermo…, Luza presentó en la República Dominicana la exposición To the people of Santo Domingo. Pintura y objetos, y en septiembre de este año la artista realizará su muestra individual Color y paisaje en el Museo Pedro de Osma, proyecto que estará conformado por obras ejecutadas en técnica mixta, fusionando el acrílico, el carboncillo y el papel, y telas de color de algodón o de lana.

Lo interesante de esta propuesta es el juego que se plantea a través de los elementos que la integran: los cuadros en que se representan los paisajes han sido pintados mediante la aplicación del pincel; en cambio, los cuadros de color plano son telas adquiridas en tienda, cuya elección ha pasado previamente por un proceso de selección, empleadas directamente y sin intervención alguna, haciendo de un producto cotidiano un objeto estético. Digamos que, en este segundo proceso, el acto de pintar se ha convertido en una acción netamente intelectual, cambiando su trabajo del taller por una labor de búsqueda y apropiación en la calle. De esta manera, la idea tradicional de pintura pasa hacia el campo de lo conceptual, mediante objetos cotidianos cargados de significado. He aquí su distancia con el artista Blinky Palermo, quien intervino las telas, pintándolas y cosiéndolas, y finalmente, presentándolas como pinturas.

Mónica Luza consigue mostrarnos los vaivenes de la representación en el arte, desde la visión real hasta la incursión en el campo de la abstracción, donde se pretende activar procedimientos intelectivos y espirituales en el espectador. El lenguaje de la artista es una mímesis del paisaje, una fusión de sensaciones y recuerdos expresados desde la tradición del vanguardismo abstracto de Klee, Kandinsky, Albers, Malevich, la Bauhaus, sin olvidar la experiencia del minimalismo a la que se adiciona una fuerte carga conceptualista.

Así tendremos la oportunidad de acercarnos a los paisajes de Luza proyectados desde su esencia y simplicidad, y poder experimentar sensaciones, mediante el juego del color y del espacio, en una situación de contrapunto entre superficies de color frente a representaciones de paisajes en donde el muro es un elemento presente, tratado desde una proyección dialéctica, visual y conceptual.