Mario Mogrovejo

o la insurgencia de la imagen por Vania Portugal L.

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Pandillero.
Óleo sobre lienzo, 164 x 150 cm

Luego de tres fallidos intentos, Mario tuvo la gentileza de venir a recogerme. Cuando tienes cara de que no conoces, los taxistas te dan tarifas de remís. Los conos tienen –todavía– un extraño halo de extramuros, en algunos distritos apenas veinte años más antiguos. El taller de Mario queda en San Martín de Porres (SMP) y su vida discurre entre su trabajo como profesor de Bellas Artes, el colegio Pablo Picasso del cual es promotor, y su taller.

Barrios Altos aún está asociado como distrito a la Lima criolla, pero SMP no, representa claramente lo que él define como la “Lima insurgente”. Deja de ser la nueva Lima emergente –potencia– para ser acto: “la nueva Lima ya emergió”, me dice pausado. Se abrió lugar entre fábricas, invasiones y corralones de canto andino. Su fuerza es tal que ya no se puede hacer un racconto de esta ciudad que no incluya su iconografía. Si los sociólogos ya no pueden restringir sus dinámicas a clases sociales y deben ceñirse al nuevo patrón de prolíficos perfiles socioeconómicos, se lo deben en buena cuenta a este enorme contingente de inmigrantes que han cocinado a pulso la nueva geografía urbana y sus estampas. Los medios de comunicación multiplicaron el efecto, como una caja de espejos, y ahora esta es la Lima francamente representativa, la Lima de la nueva pauta urbana, la Lima del presente y del futuro.

Mogrovejo no es mezquino con su entorno artístico, se considera admirador de la obra de Alfredo Márquez y también de Cherman. Se identifica con la movida de varios colectivos nacionales, aunque reconoce que lo suyo es un registro puramente personal de lo que hay a su alrededor. Si bien su trayectoria se inicia en la Escuela de Bellas Artes de Lima, esta quedó tremendamente marcada por sus estudios posteriores de pintura en Alemania (Kiel).

El artista debió romper su paleta tradicional, legada por Nieri, para trabajar a la luz de una ciudad que le debió resultar lo suficientemente exótica para ampliar grandemente los esquemas de su sensibilidad. El aprendizaje de recursos maestros de la pintura flamenca, el afinamiento de su dibujo traslúcido y el dominio de luces y veladuras le aportaron calidad descriptiva a su nuevo trabajo. El encuentro vivo con el pop contemporáneo y la construcción de la imagen como “fuerza de choque” lo llevaron a referencias de otras vertientes de las artes plásticas, como la del artista-performer Matthieu Barney, el ilustrador japonés Murakami, la pintura de Kehinde Wiley y la fotografía glam de Pierre et Gilles.

En la actualidad prepara la muestra Lima Power, programada para junio en la galería Euroidiomas. Una colección de estampas que combinan fondos planos con íconos profundos –si cabe el oxímoron–, carácter que está conferido por el óleo a los vivos retratos que pueblan sus lienzos de gran formato; el resultado es hiperreal como un casino de Las Vegas en plena avenida La Marina.

Mogrovejo registra el obsceno glamour de la Lima chola y sus estampas sociales. La Lima vital, la que acusa recreación simbólica, pathos, fusión y poder.