Luz María Bedoya

Área

Galería 80m2 arte&debates
7 al 31 marzo, 2012

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LUZ MARÍA BEDOYA

Esta nueva exhibición de Luz María Bedoya –reconocida artista y fotógrafa que representó al Perú en la 51 Bienal de Venecia, entre otras importantes participaciones– agrupa una serie de imágenes de interiores de un edificio de departamentos en los que se advierten siluetas de personas sin mayor identificación, pero de las que el espectador se convierte en testigo y observador. O, en palabras del curador: “Hay personajes pero sin novela, cuerpos sin dirección. Lo que se exhibe es el solo hecho de estar: una serie de imágenes planas, presencias mudas, sistemas de relaciones que no revelan una trayectoria. Sobre el papel emergen ventanas iluminadas y fachadas oscuras de edificios; sin embargo, estas no verifican nada: no hay demostración de identidad, ni voluntad de ubicación”.

Las fotografías de Área han sido realizadas de noche, desde lo que presumimos un cuarto ubicado al frente. Se formula, entonces, una situación asociada a la intimidad, y el espectador, transformado en testigo, se persuade de que algo le será descubierto en la árida estética de las imágenes, cuando menos la futilidad o el hastío o también el malestar y el anonimato.

Luz María Bedoya desestima una a una estas claves. Para que ellas aparezcan deben existir individuos o al menos objetos en que graviten sus marcas. Precisamente ninguno habita las imágenes. En las fotografías se reconoce a seres humanos y enseres, pero no se identifican personas –conciencias proyectadas– ni pertenencias. La ausencia de cualquier gesto que sugiera un principio de interioridad lo impide.

En su lugar, los recintos nocturnos presentan una región sin códigos conocidos, aunque ninguno de sus elementos sea aberrante o enigmático. El enigma debe buscarse tan solo en la manera ininterrumpida como se relacionan entre sí. Lo que gobierna los espacios es un mutuo olvido o una estable impermeabilidad que hace libre y cruel a cada una de sus presencias. La falta de acuerdo frustra la misma idea de totalidad y no importa cuánto las forcemos: las imágenes rehúsan ofrecer conjuntos y articular escenas. Nuestro criterio de pertinencia naufraga frente a un mundo carente de intención, del que apenas extraemos superficies.

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