ARTISTA

Las células de Nader Barhumi. En lo profundo de la tierra

Por Carlos García Montero Protzel

Domingo 2 de noviembre de 2008 por Camaleon

“Frente a la tendencia actual es con la materia con quien uno conversa. Pensar es estar contactado con el material” (Nader Barhumi).

El proceso de Nader Barhumi fluye de una vocación por expresar con nuevas formas la impresión que la naturaleza deja en la experiencia humana. Desde su muestra Dominio del agua (2006) se percibe que el artista se ha dejado llevar por una nueva visión. Más dinámica, aguda y de una continuidad más expresiva y natural. Este cambio de visión es la adquisición de una nueva manera de contemplar el mundo, acaso más completa y reflexiva que la del pasado.

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3 círculos negros
2008. Acrílico sobre papel, 100 X 70 cm

Su pintura se construye de varias capas de distintos tonos que componen el color. A veces sus colores son metálicos y de alguna manera logran transformar la materia sintética en la textura natural en el campo de la imagen. Lo metálico evoca irresistiblemente a lo material. En Dominio del agua era notorio este elemento como enraizador de toda la serie. Las piezas tenían el mínimo de componentes posibles, sin dibujo, casi sin composición, con el fin de que la materia fluyera sola y el artista fuera algo así como un director de orquesta, que permite que los diferentes instrumentos de la materia en movimiento actúen en la obra: el artista silencioso dirigiendo. Para él, el proceso de un cuadro es un problema casi imposible de resolver, como el comportamiento del fluir del agua en la tierra o la formación de los metales. Se inspira en Turner. Lo acrílico metálico revierte la cosa sintética. El material base no permite que el color penetre en la tela y va componiendo diferentes capas.

Las raíces de Barhumi son muy expresivas. Juegos ópticos y una vena cruda ornamental y fantástica determinaron un eventual agotamiento de las estructuras; es decir, el artista asumió el control total de las piezas. En 1987 Barhumi parecía ser un gráfico crudo. En 1995 los ornamentos propios de su herencia árabe tenían gran presencia en su pintura. Aparecían imágenes que buscaban evocar crucifijos y muchas estructuras cuadradas, representadas a veces como impresiones serigráficas. Un ejemplo de estas representaciones es la imagen de una lámpara de techo que aparece en varias series de su pintura. Los colores intensos fueron tomando fuerza entre los años 1996 y 1998. En el año 2001, comenzó a haber mayor experimentación de texturas, aunque mantenía todavía un dibujo muy gráfico, pintado con el ánimo de un niño. Estos elementos funcionaban como anclas de significados. Su serie de mapas del 2002 se basó en líneas geográficas, en geografías donde no había ciudad, el gesto involucraba tomar líneas de inmersión y apropiarse de ellas.

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