JUAN PASTORELLI

El paisaje sin nosotros por Manuel Munive Maco

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Juan Pastorelli
Pintor, grabador y acuarelista autodidacta

La figura humana apareció por primera y única vez en la obra de Juan Pastorelli [1] en su muestra individual del 2006 titulada Cuerpo de mujer . Como podemos deducir, el desnudo femenino fue el único protagonista de aquellas pinturas y grabados. Desde su primera individual en 1979 la presencia humana había estado estrictamente ausente en sus cuadros y su poética consistía, más bien, en evocar esa ausencia. Hasta entonces lo caracterizaban unas muy peculiares representaciones paisajistas urbanas y marinas: sus “paisajes urbanos” consistían, por ejemplo, en vistas en cuyo encuadre cerrado resultaba a veces imposible reconocer el sitio exacto de la ciudad que plasmaban; sus “paisajes marinos” representaban siempre –excepto en su primera muestra– aquello que vemos en una playa si le damos la espalda al mar; es decir, un encuadre de aquel sector entre carpas y poltronas donde se solaza el bañista. En pocas palabras, Pastorelli transformaba el escenario urbano y marino en el que usualmente pulula la gente en un lugar siempre inhabitado, y al eludir por completo la figura humana hacía que el espectador se sintiera particularmente aludido o involucrado con los objetos inertes que conformaban la imagen contemplada.

Los conjuntos de obras que integraron su primera exposición realizada en el Yacht Club de Ancón (1979) y la segunda, al año siguiente, en la galería Ivonne Briceño, fueron temáticamente antagónicos: el primero estaba dedicado al paisaje marino y submarino, y el segundo al paisaje urbano de la capital. Este último resultó innovador pues allí Pastorelli halló un modo inédito y eficiente de representar algo tan vasto e inasible como el paisaje urbano de una ciudad como Lima. Mediante su “fragmentariedad”; es decir, reuniendo vistas de sectores y elementos que existen –o existían entonces– en las calles de ciertos lugares de la ciudad que se caracterizaban por la presencia de la informalidad a la que el migrante interno recurría para subsistir, Pastorelli articuló una visión provisoria que sin embargo se percibía como una “totalidad”, ampliando así, entre nosotros, la noción del paisaje urbano como género. De la carreta del ambulante, los kioscos, las jabas de fruta, los camiones de carga, los viejos autobuses, los postes de luz entre cables enmarañados y otros elementos emblemáticos plasmados emanaban los indicios de una épica de transformación social. El migrante, ya informal, y por qué no el proletario y el desposeído, ausentes en efigie en los cuadros se hallaban sin embargo representados por medio de la elocuencia de sus pertenencias y de sus instrumentos de trabajo.

Hasta cierto punto su formación profesional como arquitecto explica la elección de los temas capitales en su obra y la técnica pictórica con la que apareció en la escena artística local. De la arquitectura provienen tanto su mirada perspectivista e indagatoria del entorno urbano y su transformación como su atención por los materiales variopintos que incorpora ese proceso. De su formación como arquitecto proviene el solvente manejo de la técnica que no perdona errores ni tolera enmiendas: la acuarela, aprendida durante sus estudios en la Universidad Nacional de Ingeniería bajo la dirección de Ugarte Eléspuru, con la que ejecutó las obras que integraron sus primeras participaciones individuales y colectivas [2].

Pero además de su formación profesional existe otro factor que revela aspectos más puntuales de su obra: Pastorelli trabaja sobre temas –locaciones y motivos– que le atañen profundamente. La elección de “locaciones” marinas no es casual pues él vive la mitad del tiempo frente al mar; por otro lado, su predilección por aquellos sectores simultáneamente deprimidos y pujantes tiene que ver con el hecho de que es un viandante que se desplaza desde joven entre Miraflores y Surquillo, incluso desde antes que hubiera un límite tan marcado como el que trazó la construcción de la Vía Expresa al partir la ciudad en dos. Desde luego que lo que transfigura esa experiencia –que puede ser la de muchos– radica en su mirada de artista: para Pastorelli las telas estampadas con franjas de color, que dan cuerpo a los vestidores y poltronas playeras limeñas, encierran además la evocación de las telas estampadas de un mobiliario idéntico en los distantes –en tiempo y espacio– balnearios europeos de fines del siglo XIX. Esas telas que eran en sí los “vestigios de un anhelo” para los bañistas limeños, por baratas, pasaron a ser las preferidas para enfardelar y dar sombra a la mercadería contenida en la carreta del vendedor informal en los mercados populares de la ciudad al finalizar el día. La tela estampada al ser imitada primero y luego sacada del balneario para ser usada en el mercado ambulatorio alegoriza, como pocos elementos, la saga de la migración y su poder para transformar la fisonomía urbana.

Igual que la gente del campo el ciudadano también sitúa su “querencia”, aquel lugar desde donde se proyecta y retorna, el ángulo desde el cual la ciudad cobra un sentido. Un segmento preciso del litoral –Agua Dulce– y un sector específico de la urbe –Miraflores y Surquillo– funcionan aún hoy como estímulos creativos constantes para nuestro artista, lo que explica que durante tres décadas ambos paisajes sigan generando nuevas piezas gráficas y pictóricas. Los botes que reposan en la arena, antes o después de la faena de pesca artesanal, ocuparon un lugar central en las series que ejecutó a lo largo de la década de los noventa, y las bicicletas (también en reposo), así como las señalizaciones de tránsito sobre el asfalto, algunas de sus obras más recientes, simbolizan el recorrido en medio de la ciudad; todo esto realizado, igual que en sus inicios, con un rigor realista que en algunos casos se aproximó al hiperrealismo aunque el uso que Pastorelli dio a la fotografía como recurso para pintar fue siempre referencial.

Una mirada atenta a la exhibición del 2006, aquella que celebraba la anatomía femenina, revelaba que Pastorelli guardó coherencia con sus lineamientos estéticos incluso en aquel rotundo salto temático: la modelo desnuda, cuyas carnaciones replican los efectos de “solarización”, aparecía en diferentes poses recortándose limpiamente sobre un fondo negro. Aquí no necesitaba un fondo o un paisaje pues era evidente que el artista la concibió como un paisaje en sí.

Con sus carretas y toldos, con sus botes apacibles y sus sillas replegadas Pastorelli contribuye a preservar la memoria urbana y propone una manera singular de confrontar la realidad al sacarnos de la escena y llevarnos a imaginarla sin nosotros. Su sensibilidad es la del viandante que permanece solitario en medio de la multitud y que es a la vez testigo memorioso y silente.

Notas

[1] 11. Pintor, grabador y acuarelista autodidacta peruano nacido en Lima en 1943. Realizó estudios en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Ingeniería, donde inicia su experiencia docente en el campo de la expresión gráfica entre 1966 y 1969. Posteriormente se desempeñó como profesor de diseño, perspectiva y figura humana en la Facultad de Artes Plásticas de la Universidad Católica del Perú entre los años 1973 y 1981; y finalmente ha enseñado perspectiva en el Instituto Corriente Alterna entre 1994 y 1997. Ha realizado 12 exposiciones individuales entre 1980 y 2000, entre las que destacan las efectuadas en: La Galería de Quito (Ecuador, 1983); Galería de Lubin en Angouleme (Francia, 1984); Banco Interamericano de Desarrollo de Washington D.C. (EE.UU., 1985); y Galería “L´Etincelle” de la Alianza Francesa de Arequipa (Perú, 1995). Ha participado en la II Bienal de La Habana (Cuba, 1983); I Bienal de Cuenca (Ecuador, 1986); III Bienal de Trujillo (Perú, 1987); XI y XII Bienales de Grabado del Caribe y Latinoamérica en San Juan (Puerto Rico, 1995 y 1997); I Trienal de Minigrabado de Tokio (Japón, 1995); II Exposición Anual de Grabado Contemporáneo Internacional en Kuala Lumpur (Malasia, 1997). En la Universidad de Lima realizó la gran obra Mural del tiempo en el año 2004 y la individual Cuerpo de mujer en la galería Artco (Perú, 2006).

[2] 22. Su proceso creativo habría sido tal vez más fácil de seguir si no fuera porque Pastorelli se ha sentido atraído por otras disciplinas a las que se aproximó, investigó y dominó. Ese ha sido el caso de la cerámica y el grabado, y hasta el gran mural de la Universidad de Lima.