Galeria Patricia Ready, Santiago de Chile 11 de marzo - 18 de abril 2009
JAVIER SILVA MEINEN Fotografías
El dia 11 de Marzo se inaugura en la prestigiosa y renovada galería de arte Patricia Ready en Santiago de Chile la gran exposición del reconocido artista y fotógrafo peruano Javier Silva Meinen. La muestra consta de 44 fotografías en blanco y negro de formato grande impresas en papel de arroz, 24 de ellas son una selección de dos series en las cuales retrata hombres y mujeres de la sierra y selva peruanas y en las que se reflejan sus costumbres y rituales de un modo personal. Estas fotografías han formado parte de importantes exposiciones alrededor del mundo así como en diversas Bienales de Fotografía. Las otras 20 fotografías son totalmente inéditas y constituyen una visión diferente y bella de Macchu Picchu. Obras envueltas en misterio y niebla, miradas desde lugares casi inaccesibles. Presenta el catalogo el escritor Guillermo Nino de Guzmán Esta exposición se realiza con el apoyo de Vértice Galería de Arte y es la primera de una serie de exposiciones de intercambio cultural entre ambas galerías con la finalidad de promover y difundir el arte contemporáneo peruano – chileno.
Más allá de las fronteras de la realidad
Javier Silva Meinel es un fotógrafo que prefiere tomarse su tiempo y observar la realidad con discreción y sosiego antes de apretar el disparador de su cámara. Sin duda, esta actitud que combina la intuición con la reflexión ha sido decisiva para configurar una de las obras más hermosas y significativas de la fotografía peruana contemporánea. Silva Meinel se esfuerza por depurar su relación con el mundo en lugar de apresurarse a fijarlo a través de su lente. Se deja contaminar poco a poco por el ambiente y, si se produce la sintonía necesaria, recién atisbará por el visor de su cámara, con la naturalidad de quien se coloca los anteojos para ver con mayor nitidez.
Esta naturalidad resulta clave para entender cómo consigue que la gente y el paisaje se descubran ante él con una desusada mezcla de sencillez y hondura. Silva Meinel es consciente de que, más allá del despliegue técnico, la empatía que se genere entre el fotógrafo y el entorno será lo que en definitiva le confiera a la imagen su grado de autenticidad, su carga emotiva y expresiva. En consecuencia, accionar el disparador ya no se deberá tanto a una cuestión de azar como de precisión.
Incansable viajero y conocedor de los más diversos parajes de la costa y la sierra, durante varios años se ha esmerado en captar escenas de celebraciones religiosas como la peregrinación del Qoyllur Ritti y la fiesta de la Virgen del Carmen de Paucartambo. Prueba de ello son los sendos volúmenes Perú, fiestas y costumbres (1997) y Calendario de fiestas del Perú (1998), en los que ha reunido un valioso y exhaustivo registro fotográfico de estos ritos y tradiciones nacionales. Su primera publicación, El libro de los encantados (1988), es una obra que aporta una mirada muy personal. Allí, en esa serie de fotografías en blanco y negro, se encuentra el germen de un universo creativo singular, en el que a partir de una dimensión realista se potencia un halo alucinatorio y maravilloso. Así, en sus retratos de bandas de músicos de pueblo y de fieles en Semana Santa en el valle del Colca o en Catacaos, no sólo logra estupendas composiciones visuales sino que corona un acto de revelación: el fervor religioso aparece bañado por una magia ancestral, gracias a la agudeza visual y la suficiencia técnica del fotógrafo …
Más tarde, Silva Meinel se dedicó a capturar el mundo del toreo. Sin embargo, se trataba de una aproximación original, que se apartaba del canon de la fotografía de temática taurina. Recopiladas en el libro titulado Acho, altar de arena (1992), estas imágenes se deben al ojo zahorí del artista, capaz de vislumbrar detalles que suelen pasar desapercibidos para la mayoría de los mortales. Silva Meinel no se preocupaba tanto por lo que sucedía dentro del ruedo como por lo que ocurría fuera de él. De esa manera podía detenerse en la belleza de un caballo enjaezado en el patio de la plaza, reparar en las caprichosas sombras que deja el sol sobre la arena o en los rostros inescrutables de los toreros que aguardan en el callejón el momento de la verdad. Después de estas experiencias, el fotógrafo se lanzó a explorar la selva amazónica, un ámbito en el que las comunidades indígenas aún preservan extraños y primigenios vínculos con las fuerzas de la naturaleza. Lo interesante de su trabajo en esta vertiente es la complicidad que establece con los individuos que retrata, quienes participan en la recreación orquestada por el fotógrafo. Silva Meinel no lleva a sus personajes a un estudio, sino que crea un espacio similar en el lugar donde ellos viven. Para ello recurre a un telón que coloca como fondo, lo que le servirá para montar la escena que fotografiará.
Esta modalidad -que ya había puesto en práctica en su etapa andina, tal como se nota en “Waca Waca” (1995) o “La risa” (1995)-, le permite “desrealizar” la situación y trascender el marco del documento antropológico. Esta opción creativa es uno de los aciertos de Silva Meinel, pues activa los resortes de nuestro imaginario al articular una nueva realidad, la que ha sido concebida sobre las relaciones de los pobladores amazónicos con la fauna de su medio. Si bien estas fotografías nos remiten a los bestiarios y fábulas en las que aparecen seres mitológicos y extraordinarios, Silva Meinel no pretender plasmar las creencias de una determinada comunidad. Lo importante es que las figuras existen en la imaginación del fotógrafo, quien no sólo admite su propósito sino que deja visibles las marcas de su recreación. En todo caso, esta rica dualidad supone la reinvención de un mundo, la puesta en escena de una mitología que no por inexistente resulta menos poderosa.
¿Cómo ignorar las resonancias ancestrales que asoman en el inconsciente cultural de los espectadores? Los mitos de la antigüedad dieron vida a dioses y monstruos, lo que enriqueció nuestra percepción de la realidad. Desde luego, en la Amazonía son frecuentes las leyendas sobre hombres y mujeres que se metamorfosean en seres fantásticos. Y, en esa perspectiva, estas fotografías apuntan a resaltar una simbiosis natural, así como la dimensión real maravillosa que distingue a América Latina. Al comentar aquel retrato de un hombre con un paiche a cuestas, la crítica inglesa Joanna Pitman destacó que “así es como ha elegido presentarse a sí mismo, con su rostro y el de su pez ocultos. Su postura es tan latinoamericana en espíritu, tan llena de ironía y angustia, que su elección permite que Silva Meinel y el espectador atraviesen la esfera de la realidad.
Silva Meinel revela, como Nadar lo hizo en París hace más de un siglo, que hay mucho que descubrir en una pose”. Al cabo de más tres décadas en el oficio, el fotógrafo peruano ha consolidado un notable itinerario profesional, lo que le valido distinciones como la beca Guggenheim y la acogida de su obra en galerías y museos del exterior. Su obra nos muestra la complejidad de un universo pluricultural como el nuestro, a la vez que un territorio donde prevalece el esplendor de la fantasía. Más aún, quizá su logro resida en la confrontación que plantea entre cosmovisiones tan dispares como las que subsisten en el Perú. De ahí el énfasis que Silva Meinel pone en la fotografía como un ritual que disuelve las fronteras de la realidad.
Por Guillermo Niño de Guzmán
