GRANDES MAESTROS DEL ARTE PERUANO

Vania Portugal Larco

Rojas, Mérida, Urbano y Sánchez

Esta muestra itinerante, inaugurada por vez primera en Cuzco, luego en Ayacucho y finalmente en Lima, es el resultado de un meticuloso trabajo museográfico y curatorial de seis meses de duración, y explicita como conjunto la intención con la que fue realizada: restablecer en la práctica el discurso que reza que una definición filosófica del arte debe ser inclusiva de toda singular expresión, en cualquiera de sus registros, tradiciones y épocas, sin importar las diferencias que esta pueda entrañar; caeteris paribus, la intención de restablecer una equidad en las condiciones del trato con un arte cuya historia es a la vez la de una declarada conquista en términos de reconocimiento.

La modernidad trajo consigo una serie de distinciones que hoy “tocan fondo”, encuentran sus propios límites sobre todo por las diferentes cargas valorativas que rezuman sus términos. Tal es el caso de la distinción entre arte “culto” y arte popular, en tanto y en cuanto el segundo término de esta comparación sostiene una pesada carga de subalternidad, de la cual no se ha librado aún, al menos en lo que respecta a la consideración de la que este goza dentro del circuito efectivo del arte en nuestro país, tan ancho y tan ajeno.

La muestra tributa en vida a la obra de cuatro maestros peruanos, entre quienes los hay fundadores de nuevas tradiciones, así como quienes han aportado nuevos contenidos a viejas fórmulas, cambiando el rumbo de las ya existentes, como es el caso de Urbano, preconizador de temáticas de su imaginario personal en el mundo del retablo.

Rojas, Mérida, Urbano y Sánchez son artistas representativos de un momento histórico de carácter inaugural para su propio trabajo, en términos de plataforma cultural –los setenta–, período en el que aparecen nuevos mercados urbanos para sus obras a la par que nuevas salas de exposición dispuestas a difundir su trabajo, como lo fueron el Art Center, Huamanqaqa, la Casa de la Cultura Peruana; y de otro lado, periodistas e intelectuales, como Alfonsina Barrionuevo, Nilo Espinoza, Hernán Velarde y Mirko Lauer, entre otros, quienes se ocuparon de “recuperar” el valor artístico de objetos que eran entonces apreciados únicamente como “productos culturales” y de sentar las bases teóricas que a su vez han posibilitado la emergencia de artistas locales, legatarios en algún sentido de estas tradiciones –habitualmente excluidas en nuestro país–, con una nueva actitud hacia su propia producción.