ARTISTA
En la intimidad de la obra de Raquel Paiewonsky: Imágenes de cuerpos envueltos en vida
por Sophie Ravion-d’Ingianni, Historiadora y crítica de arte, miembro de AICA (Francia)
En uno de sus textos, el escritor Paul Valéry observa: “El artista avanza su cuerpo, retrocede, pone y saca algo, se comporta con todo su ser como si fuera su ojo, y se convierte totalmente en un órgano que se acomoda, se deforma, busca el punto, el punto único que pertenece virtualmente a la obra profundamente buscada, qu e no es siempre la que se busca” [1]. Esta oración como epígrafe da el tono de las ricas peripecias que ofrece el recorrido plástico y estético de la obra de la artista dominicana Raquel Paiewonsky.

- Medium
- Pintura técnica mixta, 60” x 40”
Si tratamos de interrogar una parte del trabajo reunido en la exposición, comprendemos inmediatamente que una faceta del proyecto artístico de Raquel busca cómo canalizar el singular enmarañamiento de las imágenes del cuerpo. Cuerpo simbólico, cuerpo afecto, cuerpo deseo, cuerpo íntimo o cuerpo público… el cuerpo es aquí, a la vez, instrumento que mide con sensibilidad al mundo y que cataliza simulacros.
La obra de Raquel hace resurgir las discusiones en torno a las relaciones entre el cuerpo humano y la red de signos en la que se encuentra envuelto, moldeado, exhibido, escuchado, sentido, en la sociedad contemporánea. La dualidad postmoderna –muy común en el arte actual, así como las reflexiones que le atañen– opone a menudo al ser humano y su cuerpo. Convierte a este último en un bien, una posesión, una individualidad más que en la raíz identificadora que daría un rostro vivo al ser humano. Por el contrario, las obras de Raquel exploran el cuerpo como una disposición simbólica, lo que procura una miríada de representaciones y de declinaciones que nos propone en sus cuadros, sus esculturas, sus instalaciones y sus fotografías.
El conjunto de su obra rebosa vitalidad. Es abierta, insólita, heteróclita, híbrida, insatisfecha de los límites que transgrede sin cesar.
Cada proyecto de la artista se diluye en lo imaginario de un “cuerpo-universo” mezclado con el espesor de un tejido continuo de sensaciones. En la diversidad y la profusión de tales proyectos artísticos es difícil clasificar la creatividad de Raquel Paiewonsky en una categoría definida, ya que toda la obra y los medios que explora mantienen una relación fusional con una meditación íntima entregada a los flujos de la vida.
la pluralidad de las prácticas y de las declaraciones que surcan el trabajo de Raquel fue una fuerte sensación de lazos y afinidades con imágenes emotivas vinculadas con la infancia, con figuras sensitivas sobre la mujer y la fecundidad. Visiones que se entrelazan en una trama visual que deja emerger lo fantástico en pleno corazón de lo real. La serie de esculturas Los mutantes, realizada con muñecas de ojos desorbitados o turbios, y las últimas propuestas fotográficas de la artista [2] son ejemplos evidentes. Cuerpos humanos fotografiados o muñecas apenas reconocibles en su papel simbólico se han vuelto verdaderos objetos híbridos, entre el juguete votivo y el fetiche, entre lo real y lo ficticio, el simulacro y lo fantástico. Raquel exteriorizó visualmente, en el espacio de una libertad simbólica, algunos aspectos en bruto que pertenecen a su búsqueda en una anatomía quimérica.
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Notas
[1] Paul Valéry, escritor francés (1871/1945), en Choses tues, citado por Maurice Merleau-Ponty en L’œil et l’esprit. París, Gallimard, 1964.
[2] La serie de fotografías digitales Los mutantes que fue expuesta en Cuba, en la Bienal de La Habana de 2005. 3. La instalación: Manos, 1995 et manofactura (Hands free), 2003, realizada con guantes de goma en color rojo suspendidos.
