Eduardo Llanos

El artista en tránsito por Juan Peralta Berríos

“(…) la transformación de la ciudad es una metáfora de nuestra propia transformación constante” Eduardo Llanos

El textil no es solo visto como una técnica sino como una manera de pensar, una concepción de vida, que de alguna forma se expresa en los distintos elementos del trabajo de Eduardo Llanos a lo largo de toda su carrera.

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Rayadura, 2011.
Díptico, acrílico sobre tela, 90 x 80 cm. Foto: Jairo Robinson

A propósito de su próxima exposición individual Tejido arquitectónico, en la galería Yvonne Sanguineti, el artista Eduardo Llanos viene preparando una nueva serie de obras inspiradas en el diseño textil. En este ensayo repasaremos su producción pasada relacionada a este proyecto e intentaremos algunas interpretaciones.

Para Llanos, el tejido constituye un potente elemento simbólico porque encuentra en él varios sentidos interpretativos que ha venido desarrollando a lo largo de su carrera. Como primer punto, hace referencia al tejido como objeto tangible y como elemento cultural que se vincula con nuestra historia desde la etapa prehispánica, pasando por los períodos colonial y republicano. En los tiempos actuales la innovación y tradición nos hacen ver los tejidos como medios productivos en proceso que: “(…) no solo deslumbran por su belleza y su nostalgia sino que constituyen elementos de un lenguaje que sigue viviendo, develando y ocultando, entretejiendo significados y espacios de sentido que nutren nuestra existencia y nuestros espacios de creación y pasión estética” [1].

Yendo más allá –y esto tiene que ver con la propia naturaleza compositiva del tejido, integrada por la trama y la urdimbre– encontramos su vínculo con la imagen del tramado urbano, una representación abstracta y convencional conformada por el conjunto de cuadrículas que refieren a calles, plazas y avenidas, sistema urbano sobre el cual se ordena una ciudad. Adentrándonos un poco más en aquella síntesis gráfica, descubrimos que cada espacio posee un aspecto orgánico por acción del ser humano, quien se encarga de enriquecer a dicha ciudad mediante sus producciones a lo largo del tiempo. Estos contenidos conforman su memoria, desde un perfil abierto al cambio.

“La caída de viejas estructuras devela antiguos cimientos, historias ocultas y extraños entramados. Las nuevas que aparecen en su lugar permiten observar el nacimiento y desarrollo de las tramas que las sustentan. Paradójicamente, este desarrollo y fundamento permanecerá nuevamente oculto en la aplicación de capa tras capa de materiales que pacientemente se irán colocando hasta crear la nueva piel del edificio y la ciudad” [2].

Sin deslindar la formación profesional en el ámbito de la psicología de Eduardo Llanos, el proyecto Tejido arquitectónico toma de la publicación El malestar en la cultura de Sigmund Freud el símil entre la complejidad de la construcción del aparato psíquico con la paulatina superposición de edificaciones en una ciudad mediante un proceso de construcción y demolición. Así, cada parte es independiente de la otra, pero al mismo tiempo se hallan interconectadas. Capas y estructuras, sociales y psíquicas, se activan indistintamente y terminan por conformar la identidad, siempre en transformación.

Precisamente, las propuestas visuales de Eduardo Llanos se desarrollan en torno a temas como la migración, la nostalgia, el mestizaje y la hibridación, en los que se produce una necesidad por rescatar la historia y la memoria cultural partiendo de lo familiar. Cada una de sus propuestas, pinturas, collage, objetos escultóricos o instalaciones, se encuentra concatenada una respecto de otra, permitiéndole construir un gran tejido artístico y mental. Dichos elementos visuales nos inducen a la reflexión sobre aquello que constituye nuestra identidad y su fragilidad.

El artista empieza a trabajar el tema del tejido hacia el año 2006, con su exposición individual titulada Tramas familiares, que se llevó a cabo en la galería del ICPNA de Miraflores. Aquí el elemento cuadrícula fue presentado a modo de manto desde donde se soportaban imágenes y rastros vinculados con la memoria del pasado, develando historias ocultas, referencias genealógicas y nostalgias por los orígenes familiares. La instalación y la abstracción se convirtieron en los medios visuales precisos para hacer referencia a la idea del vestigio o hallazgo, y establecer un camino de encuentro con lo olvidado.

Hacia el año 2007 presentaría, en la desaparecida galería Artco, su muestra Tramas y enredos, conformada por pinturas y una performance, donde el eje central sería la abuela, portadora de sabiduría, encargada de perennizar la historia familiar a través del tejido, la costura, el zurcido y el bordado. Aquí, en cada una de sus pinturas, la idea de la superposición de capas, hilos y colores –en alusión a la memoria acumulada– anunciaba un acercamiento del acto de pintar con el tejedor de historias. Potenciaba esta idea la performance Tejedora de historias mostrada en el marco de esta individual, donde una actriz personificó a la abuela sentada, empleando una gran chalina y trajes que cubrían su cuerpo, a modo de enaguas, mientras repetía frases como: “Esta vida es un enredo”. Las pinturas, ejecutadas con trazos sueltos y bajo la técnica del “chorreado”, si bien tenían un lenguaje netamente abstracto, traían a la memoria las piezas textiles prehispánicas y las caligrafías chinas, referentes culturales que forman parte de la ascendencia e identidad del artista.

Dos años más tarde, en ese mismo espacio expondría Hilo conductor (2009). Con él Eduardo Llanos reafirmaría su interés por el pasado familiar, partiendo en este caso de un diálogo entre su abuela y abuelo. Para el artista, cada cuadro representaba una reflexión personal sobre las emociones y recuerdos afectivos que la vida se encarga de establecer en la persona, donde las historias, al igual que los hilos, se van enredando y entrelazando para construir tejidos y texturas de memoria, cuyos matices y veladuras hacen referencia a la relatividad, fragilidad y flexibilidad de las relaciones humanas.

Sin embargo, descubrimos que en la instalación Lavandera nacional, presentada en la exposición ¡Feliz 28!, entre julio y agosto de 1993, en la sala Luis Miró Quesada Garland de la Municipalidad de Miraflores, los conceptos de acumulación y superposición se hicieron presentes como base para la construcción del discurso visual. Una suma de trajes diversos –a modo de capas– fue empleada para conformar en conjunto la bandera peruana, como un homenaje a la identidad nacional y a la mujer trabajadora.

Su visión abierta respecto al arte y su espíritu multidisciplinario le han permitido a Eduardo Llanos destacar como un artista polifacético, transitando por diversos caminos creativos, alcanzando la madurez de las ideas sobre las cuales se articulan sus propuestas. De esta manera, en Tejido arquitectónico, el sentido polisémico del textil es la base para construir un discurso cargado de poesía sobre la identidad, la distancia, la ausencia, la nostalgia y la añoranza. Una añoranza por el lugar de origen y sus manifestaciones más cercanas a nosotros: el vestido, la música, la comida y el baile.

Notas

[1] Eduardo Llanos: Tramas familiares, texto de la muestra. Galería ICPNA Miraflores, 27 de septiembre – 22 de octubre de 2006.

[2] Eduardo Llanos: Tejido arquitectónico. Texto de la propuesta de exposición en la galería Yvonne Sanguineti, programada para mayo de 2012.