ARTISTA

EL MODUS VIVENDI DE un ángel caído

por Vera Tyuleneva

Domingo 23 de agosto de 2009 por henry

Estrictamente hablando, no se trata de un ángel caído sino más bien de un ángel aterrizado. Su cuidadosamente planeada aparición no escandalizó; por el contrario, conmovió suavemente la ciudad del Cuzco hace siete años. Su residencia está en la esquina de la plaza Nazarenas. Quien no me crea puede ir y comprobarlo.

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Ríchard Peralta.Trabajo de la serie Inmaculada decepción. Foto: Jorge Luis Baca de las Casas.

Su morada es un espejo de su naturaleza dual, dada tanto a los placeres terrenales como a los goces del espíritu. Está tan humanizado nuestro ángel que ni él mismo sabe distinguir bien entre estas dos cosas. Le gustan la estupenda comida, la buena pintura, los cómodos muebles, la refinada música, los exquisitos tragos y el toque postmoderno en el diseño de interiores. La alta cocina excita la sensibilidad estética, y las artes visuales, debidamente dosificadas, ayudan a los misteriosos y obscuros procesos digestivos, ¿no es cierto?

Lejos de ser un recluso en su exuberante vivienda, el ángel generosamente la brinda a quienes comparten sus aficiones. Los especialmente afortunados quedan alojados en los lujosos aposentos de la “casa de huéspedes” en el segundo piso de su palacio. Cuatro veces al año el ángel celebra grandes bailes de disfraces, abiertos para todo ser humano con ánimos festivos y dotados de alas siquiera incipientes.

El ángel es un apasionado coleccionista, hobby que no era muy bienvenido ahí de donde ha llegado. Ha recorrido exhaustivamente las tiendas de antigüedades y los mercados de telas, y visitado a los vendedores de curiosidades del orbe. Su casa rebosa de objetos raros y bellos de diversos tiempos y países, comenzando por el legítimo barroco del siglo XVII y terminando con el diseño ultramoderno del último aliento de la moda neoyorquina. La palabra “ecléctica” no la toma como una crítica sino como un cumplido. Hoy, cuando el límite entre un objeto raro y una obra de arte se vuelve cada vez más borroso, se podría ver en este abrumador y matemáticamente organizado caos una especie de museo personal, donde toda pieza tiene su lugar predeterminado; toda, hasta el último cenicero.

No es de sorprenderse que en la corte del ángel el arte y los artistas hayan ocupado un lugar privilegiado, como alguna vez lo tenían en la corte de los Médici, quienes al parecer gozaban de algún lejano parentesco con ángeles caídos. El tema predilecto en el arte de la corte del ángel es –adivinen– los ángeles. Bueno, es un tanto ególatra, pero no lo juzguemos.

El primer artista de la corte es Carlos Bardales, cuya muestra Renaissance adorna actualmente las paredes del recinto. Pintor ex limeño, de una larga y angulosa trayectoria, Bardales aterrizó en el Cuzco al lado de su mecenas, cobró la anhelada paz y renació. Sus gigantescos, resplandecientes y estridentemente barrocos lienzos intercalan a nuestros viejos conocidos, personajes del Greco y de Zurbarán a manera de libres remakes, con individuos sacados de la cotidianeidad limeño-cuzqueña, dotados de dimensiones monumentales y de unos gestos significativos, sugerentes, místicos, hieráticos y absolutamente indescifrables.

(...) artículo completo en la revista


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