Al escondite: La femineidad en el arte de Lezlie Milson
Lunes 7 de abril de 2008 por Camaleon

- Bitch, 2007
- Neón en caja de acrílicas
En sus treinta años de carrera como artista, Lezlie Milson ha creado esculturas, pinturas y ensamblajes que representan una sostenida y sofisticada interrogación con respecto al antiquísimo y controvertido tema de la femineidad. En estos tiempos posteriores a la famosa pregunta de Freud: “¿Qué quiere la mujer?” y la infame respuesta de Lacan: “La mujer no existe”, Milson produce formas hermosas, perturbadoras e ingeniosas de interrogar y minar las múltiples representaciones de la “femineidad” y de la “Mujer”. La genialidad y complejidad de sus trabajos yacen en su penetrante investigación semiótica, que continuamente evita las fáciles seducciones (y trampas) del esencialismo.
En Feminismos globales: Nuevas direcciones en el arte contemporáneo, Virginia Pérez-Ratton escribe de Milson que “Los temas de género son el núcleo de su discurso, ella se acerca a la sexualidad desmembrando el cuerpo femenino, reduciendo la complejidad a los órganos sexuales, aislándolos como símbolos del deseo” (p. 131). Es esta manera ingeniosa de circunscribir el uso simbólico del cuerpo de la mujer lo que hace tan astutamente subversivo el trabajo de Milson. En este respecto, se destacan dos piezas en las que Milson expone creativamente la manera en que “la mirada” amputa y deforma el cuerpo femenino.
En una instalación para la VI Bienal de Panamá en el Museo de Arte Contemporáneo, llamada “Tellus Mater”, Milson presentó 400 senos en una variedad de tamaños y colores, colocados en el piso como un montículo o una ola carnosa, que invitaba al espectador a acercarse y jugar. El título “Tellus Mater” invoca a la diosa romana de la Tierra (Tellus), aunque en inglés también puede entenderse como “Dinos, Madre”. Esta hiperbólica presencia cuestiona cómo nos posicionamos en relación al seno, el más maternal y primario de todos los objetos, para ambos sexos. Su abundancia es paradójica al recordarnos que este vestigio peculiar de la vida infantil nunca puede existir en exceso (no importa cuántos haya); estamos permanentemente atormentados por aquella sensación de “nunca es suficiente”, de lo que tenemos que perder para poder nacer como sujetos.
En otra obra de ese período, oportunamente titulada “Trofeo”, Milson nuevamente despliega piezas múltiples en una escultura de pared que consta de siete senos montados horizontalmente sobre un pedazo de madera. Al escoger el número “siete de la suerte”, Milson resucita la sensación de extrañeza que tan comúnmente disimulamos debido a nuestra fascinación con la dualidad, confrontando nuestra tendencia de ver el cuerpo de la mujer como un accesorio, restringiéndola a ser solo parte de una pareja, en lo que constituye una categorización incompatible.
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*Ona Nierenberg, Ph.D., es psicoanalista y psicóloga clínica con práctica privada en la ciudad de Nueva York, donde también es directora de servicios psicológicos para pacientes de sida en el Hospital de Bellevue. Miembro de la Asociación Psicoanalítica Après-Coup, ella ha publicado artículos sobre psicoanálisis y sexualidad, psicoanálisis y ciencia, y la cuestión del análisis laico en Estados Unidos.
*Mónica Kupfer, Ph.D., es historiadora, curadora y crítica de arte contemporáneo. Directora fundadora de la Bienal de Arte de Panamá y presidenta de la Fundación Arte y Cultura, ha escrito múltiples ensayos, libros y artículos sobre arte latinoamericano.

